24 de septiembre de 2016

Exposición de Por todos los costados de Patricio Bruna



Del 6 de octubre al 30 de noviembre en Sala Juan de Saavedra, Esmeralda 1051, Municipalidad de Valparaíso.



Celebramos la aparición de Por todos los costados, una exposición de contestataria y real poesía, que emerge en Valparaíso donde la carrera pictórica de Patricio Bruna ha sido persistente y abundante en logros.  Pero el éxito de Bruna no pasa por las críticas, que lo único que han hecho es abandonarlo, ni por la colocación de su obra en las vitrinas más apetecidas del mercado del arte, sino en un trabajo muchas veces invisibilizado, de constante descubrimiento y exploración, especialmente en los últimos años, en que ha tomado una posición crítica que ha significado muchas veces su marginación del medio artístico porteño. Su integración dentro del Grupo Casa Azul, sin embargo, ha significado entrar en una dinámica de intercambio interdisciplinario entre arte y literatura que ha retroalimentado su obra hasta alcanzar un punto de madurez expresiva que valora la vanguardia sin caer en el esteticismo. Así es que en esta exposición, Bruna muestra la evolución de su talento natural, pues se sobrepone con disciplina a un ethos mercantil, el cual dicta a nuestro medio artístico los caminos acomodaticios y rentables de la moda, con la complacencia de una crítica que avala esta ruta neoliberal.
Esta exposición reúne un total de 34 obras correspondientes a la serie Por todos los costados la cual puede dividirse en dos subconjuntos: la serie original en que tanto la imagen como el paspartú ficcional que da nombre a la serie nacen en un mismo movimiento (22 obras creadas desde el 2015 a la fecha) y otra serie conformada por obras anteriores a las que el pintor vio nuevas posibilidades creativas y niveles de interpretación al añadirle el paspartú en un momento posterior. Esta serie corresponde a 8 obras de la serie Resonancias Amereida iniciada el 2006 y que se incorpora a la serie Por todos los costados, trabajando sus bordes y 4 Cabezas que responden a otra serie de 1994 y a la cual también se le agrega un paspartú ficcional. En cuanto a la técnica, 28 obras fueron realizadas sobre cartulina kraft y 2 sobre marquetería de madera en chapa de caoba, ejecutadas al carboncillo y con materiales mixtos, que varían entre el extracto de nogal, acuarela, témpera, pastel seco, pastel graso, la tinta china y la tinta de impresión. Las 4 obras de la serie Cabezas son óleo sobre cartón cuyo paspartú se construye directamente sobre el trupán.
El título de esta serie deriva del término “paspartú”, que significa literalmente por todos los costados, el cual sirve para que las obras sobre papel no entren en contacto directo con el vidrio, evitando con esto que la humedad interior se condense en épocas de calor, pues su función es protegerlas del polvo y humedad ambientales, manteniendo el rol estético marginal propio del enmarque. Pero el paspartú de estas obras es ficcional, pues su rol no es el de proteger a la obra ni de ser solo una estética ornamental supeditada, marginal, sino que se constituye en una extensión de la obra misma mediante el quiebre estético de una simulación ornamental, recogiendo algunas inflexiones decorativas de la historia del arte, como el barroco, art nouveau o art decó; las cuales juegan en clave estética de oposición con la obra central; obra que es, a su vez, de un corte estético más riguroso y duro en sus valores expresivos. La serie Resonancias Amereida es una serie de carácter figurativo que relata el imaginario americano y que crece al incorporarse el paspartú ficticio que con la expresividad espectral de un relato alterno, que puede ir en consonancia o disonancia con el tema central. Esta tensión en la forma se concretiza en cómo realiza la figuración en los objetos del mundo reconocible —incluidos sus personajes— sometidos a la visión del pintor, pero siempre en favor de su opacidad poética. Es así que en el relato vemos una hegemonía dominante: emperador, patriarca, detective, cowboy, león, águila versus los dominados: mujeres, americanos, africanos… Y como telón de fondo, la geometrización de motivos del mundo natural que tiende a ocupar tanto el friso decorativo como el interior del cuadro en forma iterativa. Y así se pueden ver en los costados o bordes como el paisaje que existe tras el fondo pictórico central que rodean. Son peces, pájaros, caracoles, hojas, ramas de árbol, manos, gotas de lluvia. Los lunares, por ejemplo, pueden ser simuladores de la perforación de la superficie del soporte remitentes a marcas de balas o quemaduras de cigarro, o incluso perlas. Estos signos vienen a reinterpretarse todos como elementos decorativos pero en clave paródica, y que a la vez refuerzan o refutan desde todos los costados los significados primordiales de cada cuadro en su centralidad. La serie Cabezas responde a un retrato ficticio del imaginario masculino de algunos oficios como poeta, locutor, entre otros. Lo importante acá es el hecho que el desfase temporal genera una dialéctica entre el cuadro que ocupa el centro hecho en el pasado y el paspartú construido posteriormente, configurando un contraste provocador entre el centro y los márgenes.
No es casualidad que de esta exposición salgan las obras que integran el poemario Jardín de Epicuro de Karina García Albadiz, libro de artista, que se inscribe como objeto de arte dentro de la exposición, pues muestra la confluencia estética del trabajo colectivo e interdisciplinario dentro del Centro de Investigaciones Poéticas Grupo Casa Azul. Así Bruna no solo trabaja el relato sino también su semántica en el objeto artístico, porque sabe que la originalidad de la obra en absoluto resulta del atributo exclusivo del artista en su sesgo más individualista, ya que es esa misma objetividad de la obra la que tiende naturalmente a colectivizar el arte, imprimiéndole el sello de una cultura original.


Grupo Casa Azul