5 de marzo de 2016

Una pregunta existencial en la poética de Amanda Iturra

La poesía de Amanda Iturra recorre el sensible mundo de la experiencia cotidiana en que la memoria, especialmente de la infancia, configura un lugar misterioso en que el sujeto busca constituirse en el discurso. Los textos significan la ausencia, la figura materna es un importante signo a través de varios de los poemas. La infancia es un lugar tenso, que a pesar de constituirse como refugio moral, no se transforma en un lugar de falsa idealización que debilitaría el texto, como ocurre en mucha poesía publicada en la actualidad. Hay una tensión implícita entre pasado y presente, donde el uno nutre al otro a través de vasos comunicantes.

En “Por la ventana”, hay una construcción a partir de la precariedad de la existencia, la cual se intelectualiza para volverla un objeto estético. “Antes de la primavera” representa el oscilar entre la imposibilidad de reconstruir la experiencia a través del recuerdo o la memoria y la conformidad con la leve belleza del presente. Mientras que en “Mañana volverá” hay una pregunta existencial que pretende retornar a la unidad perdida aunque subyace una conciencia trágica que sabe que ese retorno es una empresa casi imposible y postergada indefinidamente. “De madrugada” demuestra una voz poética cuya preocupación por el sinsentido de la vida actual líquida y evanescente, se ve temperada por la esperanza en el sentido comunitario.




Mañana volverá

Aunque no sienta el ímpetu
aunque me cubra de abandono del cuerpo
y de desprendimiento idealizador
en honor a la nada
y me lleve la seducción de ir en medio de la neblina
o de entrelazarme con la luz, en pastos infantiles.

Mañana volverá el deseo del sentido,
los enemigos deben tener paz.
Volverán las pasiones humanas y los tormentos estacionales,
podrán sentir cristianamente
y conceptualizar el amor.

Más hoy como el gato,
más hoy como la vecina que mira en su ventana
lo que tenga para mirar.


Por la ventana

 
Dejé pedazos de pan para el perro en el jardín,
pero el perro está desparecido desde ayer.
Llegaron en su lugar los gorriones y de a poquito se fueron comiendo el pan.
Yo los miraba por la ventana, sintiendo la cercanía del otoño en el paisaje y en el cuerpo,
en la repisa hay treinta mil pesos destinados a algo que cubra el piso,
pues ya comienza a colarse el frio por entre las tablas de esta vieja casa,
debemos prepararnos para el invierno, instalar los cañones para la salamandra y ver de dónde sacamos leña.
Sin embargo la totalidad no es esto.
El poeta recorta trozos del día y a día y a su antojo crea y arma un puzzle.



de Amanda Iturra



Rodrigo Suárez
Grupo Casa Azul